como si se trataran de pasos intermedios,
objetivos transitorios para un sueño final.
Recogerlos a lápiz, porque ya nada es definitivo,
ni lo que hacer se puede ni lo que uno quiere.
Empezar el año creyendo en los principios
y en la creación y ejecución de algún punto final.
Pero siempre con un borrador a mano,
y en el mismo folio mil veces tachado.
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