Ahora mismo me cansan las palabras,
me cansan los sonidos, las personas,
los pitidos, los silencios.
Me cansa salir de la cama,
intentar entender lo que pasa,
lo que cada día sigue cambiando
y sigue pasando.
Me cuesta encontrar un patrón,
un sentido, un orden, algo de lógica
en esto que hiere y ahoga.
Te he dicho, tantas veces,
que yo no me rindo;
que lo intento una y otra vez,
que busco otro camino,
que si me pierdo, me paro y pienso:
¿qué hice mal?, ¿cuál fue el error?,
¿qué hay que cambiar?
Y si considero que este es el modo,
desando lo andando y vuelvo.
Te he intentado explicar, pero no lo entiendes,
que esto para mí es un rato, un pasatiempo
que llena mi vida, mis pensamientos,
mis horarios, mis calendarios,
al que se amoldan mis rutinas, mis cicatrices,
mis dolores, mis llantos... mis años.
Lo que no te digo, porque ya lo sabes,
porque nunca lo hablamos, porque ya lo sabemos
es que también es una excusa para perdernos.