martes, 13 de diciembre de 2011

Desando lo andado y vuelvo.


Ahora mismo me cansan las palabras,
me cansan los sonidos, las personas,
los pitidos, los silencios.

Me cansa salir de la cama,
intentar entender lo que pasa,
lo que cada día sigue cambiando
y sigue pasando.

Me cuesta encontrar un patrón,
un sentido, un orden, algo de lógica
en esto que hiere y ahoga.

Te he dicho, tantas veces,
que yo no me rindo;
que lo intento una y otra vez,
que busco otro camino,
que si me pierdo, me paro y pienso:
¿qué hice mal?, ¿cuál fue el error?,
¿qué hay que cambiar?
Y si considero que este es el modo,
desando lo andando y vuelvo.

Te he intentado explicar, pero no lo entiendes,
que esto para mí es un rato, un pasatiempo
que llena mi vida, mis pensamientos,
mis horarios, mis calendarios,
al que se amoldan mis rutinas, mis cicatrices,
mis dolores, mis llantos... mis años.

Lo que no te digo, porque ya lo sabes,
porque nunca lo hablamos, porque ya lo sabemos
es que también es una excusa para perdernos.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Otoños en bicicleta


La paciente de la que les voy a hablar hoy se hospeda en esta institución desde hace un tiempo inferior a 2 meses.
Se trata de una mujer de mediana edad, de complexión atlética y sin ningún problema de salud aparente.

La paciente, a la que llamaremos Rosa para preservar su intimidad, ingresó por su propio pie un domingo a la hora del vermut.
Vino acompañada de uno de sus hijos, el cual estaba en estado de shock por lo hechos que ahora procedo a relatar:

Rosa se encontraba visitando a unos familiares durante un fin de semana y tras la hora del desayuno, su marido la echó en falta.
Fue a buscarla y la encontró en el corral de la casa, engrasando y poniendo a punto la que fue su antigua bicicleta. 
Dicen que llevaba 20 años sin ser utilizada,desde que sus hijos dejaran el triciclo.

A la pregunta de qué estaba haciendo, la paciente respondió con naturalidad que estaba preparando la bici, que la apetecía cogerla un rato. El marido la dejó hacer y fue a buscar ayuda a la casa; estaba claro que algo estaba pasando y Rosa estaba pasando por algún tipo de crisis nerviosa.

El hijo, ante la reacción de su padre, decidió proponerle a la madre dar un paseo los dos juntos en bicicleta. Ella aceptó encantada.

Recibimos una llamada del marido de Rosa diciendo que iba a traérnosla, que sin duda debía haber heredado los trastornos mentales de su madre y que estos estaban empezando a manifestarse.
Imagínense nuestra sorpresa cuando Rosa apareció, en bicicleta, por el bulevar de la entrada.

La paciente insiste en que no está enferma y en que simplemente quería volver a coger la bici, pero hemos comprobado que ante la bicicleta estática que se ha situado en su habitación ha reaccionado favorablemente: pedalea todos los días durante aproximadamente dos horas.
Cuando se la pregunta por este comportamiento, dice que a ver sin con suerte para la primavera hemos entendido que su cabeza está perfectamente y que entonces, hará el Camino de Santiago, obviamente en bicicleta. Pero con su hija.. que de su hijo ya no se fía.