- Perdona...¿vas con prisa?
- No, ¿por?
Porque ahora mismo, te cogería de la mano y echaría a correr, tirando de ti, huyendo.
El sol de la calle no nos quemaría y correría una leve brisa, no estos cuarenta grados de Madrid en julio.
Correríamos y correríamos y sin cansarnos llegaríamos la sierra, donde encontraríamos una pradera verde, con flores, con un riachuelo bordeado de amapolas y girasoles.
El aire sería fresco, alegre. Veríamos pasar un cervatillo y en tu mano aparecería una cesta y en el suelo un mantel de cuadros rojos.
Por ello, de la nada improvisaríamos un picnic, y yo podría comer queso y batidos. Tú podrías tomar tarta de nueces. Habría Quiche de espinacas y tarta de chocolate.
Nos reiríamos, rodaríamos por la hierba... nos besaríamos. Volaríamos una cometa, seguiríamos corriendo, corriendo... jugando al escondite entre los claroscuros de un bosque de robles. Cansados, meteríamos nuestro pies en un regato y jugaríamos a salpicarnos.
Por ello, de la nada improvisaríamos un picnic, y yo podría comer queso y batidos. Tú podrías tomar tarta de nueces. Habría Quiche de espinacas y tarta de chocolate.
Nos reiríamos, rodaríamos por la hierba... nos besaríamos. Volaríamos una cometa, seguiríamos corriendo, corriendo... jugando al escondite entre los claroscuros de un bosque de robles. Cansados, meteríamos nuestro pies en un regato y jugaríamos a salpicarnos.
Finalmente, cogeríamos un tren de vuelta y apareceríamos cansados y sonrientes, cada uno en nuestra cama.
- Perdona... ¿me dejas pasar?
- Sí, sí. Lo siento.
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