sábado, 20 de noviembre de 2010

Cuatro paradas

Nos conocimos en Gregorio Marañón:
Había asientos libres, pero te apoyaste en la barra que tenía delante.
Me llamaron la atención tus zapatillas. De las de baloncesto. De las de jugar habitualmente.
Recorrí tu altura con mis ojos, me encontré los tuyos.

Hasta pasados Nuevos Ministerios nos fuimos conociendo:
Me mirabas, te miraba.
Nos mirábamos indirectamente reflejados en el cristal.
Me pareciste tímido, quizás indeciso.

En Santiago Bernabéu tuvimos nuestra primera cita:
un músico ambulante hizo las veces de Mariachi.
Nuestras miradas volvieron a cruzarse.
La ranchera que escuché es a partir de ahora mi nueva canción favorita.

En Cuzco seguimos conociéndonos:
me volviste a mirar, a la vez que te miraba.
Esta relación podía tener futuro.

Llegamos Plaza de Castilla:
nos bajamos los dos.
Tristemente, descubrimos que teníamos diferencias irreconciliables:
tú escogiste en la derecho de las escaleras mecánicas,
yo preferí subir andando.

... No me importaría darte una segunda oportunidad.


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