A mí no me hicieron
para vivir en directo.
No sé improvisar
ni ser graciosa
ni decir “te quiero”.
No soporto la cuenta atrás
ni perder un micro en el último momento
ni que una desconocida me retoque el maquillaje
cuando yo tengo manos para hacerlo.
No sé reaccionar
si un espontáneo
me interrumpe en medio de esa frase
que tantas veces he practicado
para confesarte toda la verdad.
Y quedarme entonces
con la valentía en los labios,
con mi oportunidad perdida,
sin saber cual es mi cámara
o siquiera si el programa sigue en marcha.
Por eso,
como no soporto el directo,
adoro la pausa publicitaria
para mirarte a los ojos
y, antes de caerme al suelo
por el temblor que me causas,
huir al vestuario.
Pensar,
recordar mis frases,
recomponer el personaje
y enfrentarte hasta el próximo intermedio.
Sabiendo que tu sonrisa no es para mi
sino para las miles de chicas al otro lado.
Temiendo que algún día descubras
que estoy actuando
y que, en verdad,
no soy distinta de todas ellas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario