miércoles, 4 de mayo de 2011

Amor de noche


Podríamos prometernos amor eterno
y que me regalaras una pulsera de pedida
con derecho a barra libre.

Podríamos sellar nuestro pacto
con el sello del puerta
cuando salgamos a fumar los dos.

Firmaríamos el registro del enlace
con un lápiz de ojos
de los supuestamente resistentes.

Los testigos de nuestro enlace
en la noche de nuestro amor
serían las camareras de la barra.
El taxi sería nuestro carruaje encantado.

Brindaríamos en vaso de tubo
lleno de ron-cola o de gin y sprite.
El vals nupcial sería
una canción de King África.

La suite nupcial estaría
en algún lugar a decidir
entre tu casa o la mía
o un hotel a medio camino.

A la mañana siguiente
no esperaría encontrarte allí
y con desmaquillante
borraría el acuerdo en forma de sello,
los rastros del lápiz con el que firmamos
y los restos de ti en mi cara.

Tiraría nuestros recuerdos:
la pulsera,
el recibo del taxi
y tu número de teléfono.

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