Los domingos son días
de resaca, de ir lento, de pensar.
De hacer recuento, de ordenar.
De recordar.
¿Qué pasó ayer? ¿Qué fue verdad?
¿Fue relevante? ¿Qué pasará?
Los domingos son días
de pijama, de tareas, de soledad.
De cine, de parejas.
De recapitular.
Los domingos son la muerte
de la felicidad.
Y nos quedamos en pijama
para intentar retrasar
el asesinato del fin de semana.
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