Quemar puentes es el modo
de evitar que llegue el enemigo,
pero también en el modo de quedarse solo.
El enfrentamiento tiene la capacidad
de, una vez superadas las diferencias,
poderse convertir en amistad.
Los amigos, sin embargo,
pueden tornarse en series odiados
de un modo rápido, casi instantáneo.
El mundo de las pasiones es así:
radical, extremo, bipolar.
Es necesario buscar el modo de cerrar los puentes,
pero no quemarlos.
No destrozar el camino de vuelta.
Algún día querremos cruzar el abismo
y reencontrarnos.
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