miércoles, 29 de diciembre de 2010

Regalando fortuna

Se la notaba nerviosa, inquieta.
Arrugaba la bolsa mientras buscaba una y diez veces el bolígrafo que ya tenía en las manos.
Abría el sobre, lo cerraba, contaba los tomos, los colocaba, los descolocaba.

Desde el asiento de enfrente, Braulio la observaba con una sonrisa en los labios. Recordaba esos nervios, ese momento, el de entregar el trabajo de tantos años, el esfuerzo.

El tren entró en la estación. Era ya su parada:
- Suerte- dijo Braulio.

La chica levantó la mirada, saliendo así de su ensimismamiento histérico:
- Gracias- contestó a la vez que se sonrojaba.

Cuando Braulio salió del tren, la chica se quedó paralizada durante unos instantes mirando al lugar donde se había sentado él. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro.
Miró las copias, asintió y siguió buscando el bolígrafo.

La oficina de Correos estaba cerca y el plazo del concurso terminaba en unas horas.

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