La ciudad hoy se ha quedado durmiendo.
Ha dicho que hacía mucho frío,
que se envolvía en una manta
y que se quedaba en cama leyendo.
Sus habitantes somnolientos,
al subir la persiana al despertar,
se han quedado desconcertados:
- Si no hay calle, ¿cómo vamos a trabajar?
-Está bien, pondré baldosas,
eso desde la cama lo puedo hacer.
Pero no todas, ¡tened cuidado!,
a ver si os vais a caer.
Y así, los pobres ciudadanos han ido caminando
envueltos por una nube blanca y viendo
como, poco a poco y en el último momento,
las cosas que necesitaban
(marquesinas de autobús, bocas de metro)
han ido, de pronto, de la nada surgiendo.
Tras mucho insistir, la ciudad se ha despertado.
A media mañana, la masa blanca se había disipado.
Y es que cuando el sol insiste
puede ser tan pesado,
que no hay pereza que valga
y la ciudad se ha levantando.
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