martes, 8 de julio de 2014

Puerta de llegadas

Últimamente la vida es un aeropuerto de maletas ya pesadas, en la cinta de facturación;
de miradas perdidas entre horarios de salida y puertas de embarque,
de cada vez más gente que deja su vida atrás; 
que también me deja atrás.

Gente que, a pesar de los arcos de seguridad feos e inhóspitos, 
diseñados para acobardar a quien cambia su vida para que abandone la falsa valentía aventurera, 
fingida ante la familia, parte de la mentira contada a uno mismo;
los cruza y deja todo atrás.
Personas que sin girarse por el miedo a derrumbarse, 
sintieron que marcharse se tornó obligatorio cuando la palabra futuro dejó de tener significado,
y emprendieron el viaje al confirmar que nunca volvería a tenerlo. 

Y mientras se secan las lágrimas de este penúltimo adiós, 
no puedo evitar pensar que cada sois más en las puertas de salidas
y regreso, de nuevo, a la de llegadas;
donde no me canso de esperar por si algún día, alguien, alguno, regresa.

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