de miradas perdidas entre horarios de salida y puertas de embarque,
de cada vez más gente que deja su vida atrás;
que también me deja atrás.
Gente que, a pesar de los arcos de seguridad feos e inhóspitos,
diseñados para acobardar a quien cambia su vida para que abandone la falsa valentía aventurera,
fingida ante la familia, parte de la mentira contada a uno mismo;
los cruza y deja todo atrás.
Personas que sin girarse por el miedo a derrumbarse,
sintieron que marcharse se tornó obligatorio cuando la palabra futuro dejó de tener significado,
y emprendieron el viaje al confirmar que nunca volvería a tenerlo.
Y mientras se secan las lágrimas de este penúltimo adiós,
no puedo evitar pensar que cada sois más en las puertas de salidas
y regreso, de nuevo, a la de llegadas;
donde no me canso de esperar por si algún día, alguien, alguno, regresa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario