Es justo en la era de la comunicación permanente
cuando más hablamos y menos decimos.
Es precisamente ahora que más libres nos creemos
y osamos menospreciar la palabra, soltada rápido y con rabia.
Y se tolera no dar importancia a la frase, al tono, a la pausa;
como si el mensaje, el emisor y el receptor
fuesen tan instantáneos como el cambio de medio
y ni formasen parte del proceso.
Es en la era de la temporalidad, del usar y tirar,
de consumo caníbal de sentimientos ajenos,
en estos días cuando, oh, ironía,
los dardos y el veneno se tornan indelebles,
y somos, quizás más que nunca, esclavos de lo que decimos
... y también de lo que callamos.
Esclavo como podría volverme también yo de estas palabras.
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