Hablemos mientras podamos,
digamos lo que no queremos,
mientras el silencio no amordace
los pensamientos discordantes.
Mientras no se ahoguen las ideas,
(¡cómo si se pudiera!),
mientras no se restrinja
la expresión de la queja.
Hablemos, gritemos,
expresemos verbalmente
antes de que el silencio, impuesto,
nos deje mudos y quietos.
Aunque, ¡ay!, del lenguaje mutante,
del ingenio infinito y de la aspiración
al cambio.
¡Ay!, de los actos no actos,
de las no convocatorias y de las cosas
que no pasan.
¡Ay!
Hablemos mientras podamos,
cuando no podamos, no nos quedemos
callados.
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