Cuando una sociedad marcada
por algo de nombre oscuro y abstracto
como la balanza de pagos
observa quien ingresa, recibe o no aporta
y recela, y tiembla
y se centra en su caso, en sus cuentas
e ignora que somos un todo,
que cada uno, el algún momento,
pasaremos a ingresar, recibir o no aportar.
Cuando hemos perdido memoria de cómo hemos llegado,
de qué nos ha ayudado
y de qué nos ha faltado,
cuando nos negamos a creer en un futuro...
Entonces, el futuro ya está muerto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario