Organizamos con celo todo lo necesario
para los eventos del fin del mundo,
de algún tipo de mundo.
Fue un dispendio de invitaciones superfluas,
de maldades compuestas,
del falsedades impuestas.
Invertimos recursos sin pensar en el mañana;
cuando llegue el Apocalipsis no nos hará falta agua.
Agotamos paciencias, amasamos conciencias
y, como nadie esperaba,
por el oeste se puso la luna
y salió el Sol como si nada.
Buscábamos tanto un refresco,
que ni un final autoimpuesto,
cambió la realidad desolada.
Y siguió haciendo frío,
y seguimos saliendo a la Plaza,
mientras leer los periódicos
siguió causando rabia.
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