Querido hijo mío:
Hoy quiero
explicarte que en este mundo no hay solo buenos y solo malos: hay gente buena,
es cierto; hay gente algo menos bondadosa, también; pero no te dejes engañar
por las apariencias.
Que alguien no
diga “buenos días” o no te sonría no tiene nada que ver con la bondad.
Pequeño, a lo
mejor esa persona está triste, o es tímida, o está preocupada o está demasiado
ocupada pensando en algo. Pero hay gente que parece dulce y luego es malvada. Y
hay gente que hace cosas horribles, pero realmente no es mala. Sé que esto es difícil
de entender, pero voy a intentar explicártelo.
Eres demasiado
pequeño para comprender las atrocidades de los hombres (aunque creo que es algo
que nunca se llega a entender), pero la mayoría de las veces estas atrocidades
son por las razones equivocadas.
A ver, tú confías
en mí, ¿verdad? pues los malos también
tienen padres en los que confiar. A veces, los padres se equivocan, y enseñan
cosas equivocadas a los hijos: igual que yo te enseño a cepillarte los dientes,
o que no hay que pegar a la gente, a ellos les enseñan esas cosas y otras. Otras
como que hay un tipo de gente que les hace daño, que esa gente tiene la culpa
de todo, que todo ese tipo de gente merece morir.
No, no me
mires así. Te dije que era difícil de comprender, pero yo quiero que hoy me
escuches y lo pienses. Antes de crearse un enemigo, antes de odiar a alguien,
hay que intentar entender sus razones.
Por eso, enano, si algún día alguien te dice que ellos son los malos, párate
a pensarlo y pregúntate: ¿realmente son malos?, ¿qué han hecho mal?, ¿les han
enseñado a ser malos o son gente simplemente malvada?
Yo hoy te digo
que esto porque necesito que me ayudes a ser paciente, comprensivo, a intentar
perdonar y olvidar lo inolvidable, a ser fuerte, a aguantar. Por favor, pide conmigo
que los malos tengan gente a sus alrededor
que les digan lo mismo que a ti: párate y piensa. Ayúdame, hijo mío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario