domingo, 11 de septiembre de 2011

Querido hijo mío


Querido hijo mío:

Hoy quiero explicarte que en este mundo no hay solo buenos y solo malos: hay gente buena, es cierto; hay gente algo menos bondadosa, también; pero no te dejes engañar por las apariencias.

Que alguien no diga “buenos días” o no te sonría no tiene nada que ver con la bondad.
Pequeño, a lo mejor esa persona está triste, o es tímida, o está preocupada o está demasiado ocupada pensando en algo. Pero hay gente que parece dulce y luego es malvada. Y hay gente que hace cosas horribles, pero realmente no es mala. Sé que esto es difícil de entender, pero voy a intentar explicártelo.

Eres demasiado pequeño para comprender las atrocidades de los hombres (aunque creo que es algo que nunca se llega a entender), pero la mayoría de las veces estas atrocidades son por las razones equivocadas.
A ver, tú confías en mí, ¿verdad? pues los malos también tienen padres en los que confiar. A veces, los padres se equivocan, y enseñan cosas equivocadas a los hijos: igual que yo te enseño a cepillarte los dientes, o que no hay que pegar a la gente, a ellos les enseñan esas cosas y otras. Otras como que hay un tipo de gente que les hace daño, que esa gente tiene la culpa de todo, que todo ese tipo de gente merece morir.
No, no me mires así. Te dije que era difícil de comprender, pero yo quiero que hoy me escuches y lo pienses. Antes de crearse un enemigo, antes de odiar a alguien, hay que intentar entender sus razones.

Por eso, enano, si algún día alguien te dice que ellos son los malos, párate a pensarlo y pregúntate: ¿realmente son malos?, ¿qué han hecho mal?, ¿les han enseñado a ser malos o son gente simplemente malvada?

Yo hoy te digo que esto porque necesito que me ayudes a ser paciente, comprensivo, a intentar perdonar y olvidar lo inolvidable, a ser fuerte, a aguantar. Por favor, pide conmigo que los malos tengan gente a sus alrededor que les digan lo mismo que a ti: párate y piensa. Ayúdame, hijo mío.


No hay comentarios:

Publicar un comentario