Sonreí. Sonreíste.
En este momento
me casaría contigo.
Por las cenas hablando de música,
de canciones sobre nosotros,
nuestra banda sonora.
Melodías que me recuerdan a tí.
Por los paseos de una hora
(o tres)
por las calles desdibujadas
entre la niebla de enero.
Por mensajes a destiempo
de frases incoherentes
que me hacen reír en la calle
y que me mire la gente.
Por aquello que no dices,
al menos no con palabras:
un abrazo, una caricia,
una mirada.
Porque cuando yo sonrío
y tú sonríes,
me siento en casa.
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